No sé si hago bien contándoles la pauta de las prácticas que hago en Taller cuando las transcribo acá, con las correcciones pertinentes, por supuesto. Sin embargo, hoy no lo haré a ver si notan cuál es el verdadero tema del texto a continuación...
Carta para dejar a una chica en soledad
Tu cabello despeinado se nota a kilómetros, ¿es que nunca te peinas? No, te da miedo mirarte al espejo, creo que te da miedo que la imagen mental que tienes de ti no concuerde con lo que refleje el espejo. Pocas veces logras sentarte como una señorita, siempre te descubro mascando chicle como prostituta. Y tu sarcasmo... Tu sarcasmo me saca de quicio. Tus ojos no me miran, siempre estás como distante, esperando a que alguien te rescate de tu tragedia, y tus pupulas lejanas parece que en cualquier momento derramarán lagrimones escarlatas —y nunca pudiste escuchar esa canción, Pupilas lejanas, sin romper en llanto. Sin embargo, no eres más que una impostora, finges sentirte mal, deprimida, para llamar mi atención. Sí, a veces todas tus cosas malas me abruman, no sé por qué tuve que hablarte esa noche fría de septiembre, me arrepiento de haber creído que eras buena. Te hablo, no me escuchas. Siento que mis palabras se pierden entre las horquetillas de tu pelo. Ni hablar de tu falta de madurez, esas miradas infantiles que recibo cuando te hablo de cosas serias, no te soporto.
Tu habitación es ese lugar terrible en el que ni un explorador aventurero se atrevería a adentrase, y tu vida es igual. Yo quise ser ese explorador, pero no pude atravesar esas galerías interminables de árboles intrincados que ciegan cualquier cosa que se pare frente a aquellos. No entiendo cómo has podido vivir de manera tan errática. Persigues una liebre blanca, dentro del bosque complicado de tu mente que jamás podrás alcanzar. Bueno, yo creo que en vez de una liebre, en tu caso sería un gato. Por alguna extraña razón los amas y cuando paseamos siempre tratas de acariciarlo. Ellos te miran, indiferentes, y yo te miro intrigado. Así como estás obsesionada con el mar y crees que las olas se llevarán tus dolores, pero no soportas el sol y el calor te hace desmayar. Eres una contradicción andante.
Por eso te dejo, me voy. He pasado demasiado tiempo dentro de este sanatorio mental. Me siento insignificante ante los delirios que nublan tu mente, me destiño ante esas palabras corrosivas que emergen de tu boca y tu falta de esperanza me está haciendo perder la mía. Espero que sin mí, algún día te logres encontrar y que encuentres un explorador que sea más valiente que yo y que sepa cómo salir de la tortura de tu bosque y te logre sentir presente. Quizá cuando seas vieja y solo tus gatos te acompañen en tu soledad, te des cuenta de lo que pierdes siendo tan oscura.
